Cómo trabajar desde casa y no perder el rumbo

Desde que Internet llegó a nuestras vidas el modo en el que nos relacionamos con los demás y, por ende, la manera de llevar a cabo nuestras gestiones de trabajo han cambiado de manera radical.

Con los nuevos avances tecnológicos, son muchos los emprendedores que optan por montar un negocio online y trabajar desde su propia casa, ahorrando así dinero en locales, mobiliario, etc. necesarios a la hora de abrir una oficina física.

Sin embargo, este tipo de actividad no es algo nuevo. Ya en el pasado los grandes inventores como Leonardo Da Vinci o Thomas Edison trabajan durante horas y horas en estudios cercanos a sus hogares. Más próximos a nuestros días son Charles Fey, inventor de la Liberty Bell, la primera máquina tragaperras de la historia, o Steve Jobs, que como todos sabemos creó su empresa Apple en su garaje, que curiosamente ha pasado a formar parte del patrimonio histórico de Los Altos, en California.

A pesar de lo variado de sus actividades profesionales, todos ellos tenían en común que trabajaban por cuenta propia, en sus casas, estudios o laboratorios sin la obligación de desplazarse a una oficina o a un lugar físico en el que cumplir con un horario preestablecido. Al igual que sucedía ya en su época, el hecho  de trabajar en casa, a tu propio ritmo y con un horario flexible y determinado por ti mismo, te otorga una libertad que pocos empleos pueden ofrecerte en la actualidad.

Sin duda, una de las mayores ventajas de este sistema es que eres tu propio jefe, al menos en el sentido de la organización del trabajo. Si tienes un negocio propio, serás tú quien marque los objetivos y, por tanto, el nivel de exigencia. Si trabajas para una empresa, los objetivos te vendrán marcados pero tendrás libertad para diversificar el peso del trabajo a lo largo del día, semana o mes. Esto te permite poder compaginar el trabajo con otras muchas actividades que de otro modo no podrías hacer, como estudiar o incluso contar con un segundo empleo. Se amplían las posibilidades y se reduce el estrés al no tener que estar pendiente de cumplir con un horario sino con unos objetivos.

Sin embargo, no es oro todo lo que reluce. Trabajar desde casa está muy bien pero es necesario marcar unas pautas y normas para no perder el rumbo y acabar trabajando las 24 horas del día. Ya os hemos hablado de las ventajas y desventajas que ofrece trabajar desde casa y de las posibles alternativas para evitar gastos y mantener algunas de las mejores cosas de trabajar en una oficina, como es el trato directo con las personas. Con todo, no siempre es posible optar por estar alternativas, ya sea por motivos personales (discapacidad, problemas de movilidad, etc.) o profesionales (numerosos desplazamientos y viajes, vivir en un país extranjero, etc.). Hoy os vamos a ofrecer una serie de pautas que ayudarán a todos aquellos que opten por este tipo de práctica laboral, sea por el motivo que sea.

Uno de los principales problemas de trabajar en casa es que parece que nunca se llega a desconectar realmente del trabajo, ya que el ocio y el descanso conviven en el mismo lugar que las obligaciones laborales. Es por ello por lo que es recomendable tener una habitación o estancia de la casa reservada única y exclusivamente para trabajar.  De esta forma, descanso y trabajo tienen hábitats bien diferenciados y nuestra mente será capaz de cambiar el chip según el lugar en el que nos encontremos. Además, esto ayudará a reducir el número de distracciones (TV, mascotas, pareja, etc.) que generalmente existen cuando se trabaja en casa sin contar con un sitio adecuado para ello.

Si el lugar de trabajo es importante, el horario lo es todavía más. La gran mayoría de las personas que trabajan desde sus hogares pecan de no ser capaces de dejar de trabajar, siempre están en “stand by”, listos para escribir un mail o responder una llamada. Error. Nuestro cuerpo, y sobre todo nuestra mente, necesita descansar y esto no se consigue si siempre estamos operativos para cualquier tema laboral. Es necesario que nos establezcamos unos horarios de trabajo, como si tuviésemos que ir a la oficina pero con la comodidad de poder hacerlo en pijama en vez de en traje. Todo lo que quede fuera de esta franja horaria serán quehaceres para el día siguiente. De esta forma nos habituamos a seguir una rutina que nos ayudará a mantener el equilibrio, evitando así cargarnos de trabajo un día y dejar otro completamente libre.

Por otra parte, es importante que aquellos que vivan con nosotros respeten estas pautas. La gente tiende a pensar que trabajar desde casa es menos cansado o que tiene menos valor que fichar todos los días en una oficina, una creencia completamente incierta. Por ello, es necesario que nuestra pareja, amigos, compañeros de piso, etc. entiendan que nuestro espacio de trabajo es solo nuestro y que durante el horario que hemos establecido no deben molestarnos. Del mismo modo que no es correcto que alguien vaya hasta la oficina en la que trabaja su pareja para decirle que compre el pan, no lo es que lo haga cuando estamos trabajando en casa.

Menos importante pero sí reseñable es el tema de la indumentaria. Trabajar en nuestro hogar nos permite poder escoger la ropa que queramos para desempeñar nuestras actividades laborables. Si bien es cierto que no es necesario que andemos por casa hechos un pincel, con corbata o tacones, es recomendable que tampoco lo hagamos en pijama durante todo el día porque de nuevo esto impedirá que nuestra cabeza sea capaz de diferenciar trabajo de ocio/descanso. Optar por ropa cómoda pero ligeramente formal nos ayudará a marcar el inicio de nuestra jornada laboral, dejando tras de sí la noche, el pijama y el dormir.

Seguir todas estas pautas siendo constantes en su práctica nos ayudará a no perder el rumbo y disfrutar al máximo de todas las ventajas que ofrece no tener que moverse de casa para ir a trabajar.

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