muerte capitalismo consciente

Después de las últimas crisis globales a niveles económicos, sociales, ecológicos y recientemente de salud, queda claro que el capitalismo ha muerto, por lo menos en la versión que existía hasta ahora.

Parece evidente que ante cualquier tipo de crisis global, el sistema no se soporta por si mismo, como debería teóricamente, y necesita de continuos rescates e intervenciones por parte de gobiernos.

Además esto hace que la economía tenga cada día mayor control político, porque los gobiernos han demostrado que prefieren salvar a los bancos que a las personas, lo que pone en evidencia que la economía es la que realmente dirige a los países.

Antes de seguir vamos partir de una definición de capitalismo.

¿Qué es el capitalismo?

La definición del capitalismo nos dice que es un sistema social y económico basado en la propiedad privada sobre el capital para generar riqueza, que se autoregula a través de lo que denominan mercado. Puedes leer más información en la entrada de la Wikipedia.

El significado de capitalismo va mucho más allá del enfoque financiero o la economía ya que se basa en el poder individual sobre el grupo y premia la competición y la acumulación de recursos. Esto hace que la sociedad crezca a través del crecimiento individual, lo que genera una sociedad individualista, en contraposición a otros sistemas como el comunismo.

Los grandes problemas del capitalismo derivan del egoísmo de los pocos en contraposición del beneficio de los muchos, es decir, que existe un muy pequeño porcentaje de personas que acumulan la mayor parte de la riqueza del mundo.

La muerte del capitalismo tal y como lo conocemos

El concepto de capitalismo, por sí mismo, no es ni malo ni bueno, es su aplicación por la personas la que ha conseguido generar estos grande desequilibrios. En un mundo ideal el capitalismo podría beneficiar a todos si las personas capaces de generar mayor riqueza también fueran las personas que ejercieran más solidaridad con los demás.

Como no estamos en un mundo ideal, cada vez se genera más diferencia entre «ricos» y «pobres» y además se ha demostrado que la autoregulación del mercado es una falacia, ya que necesita de rescates en las grandes crisis.

Y en esta última gran crisis que estamos viviendo, la de coronavirus o covid-19, se está poniendo en evidencia el enfoque de la mayoría de gobiernos de preferir salvar a la economía que a las personas.

Y es probable que todas las personas que hasta ahora no prestábamos especial atención al sistema económico actual, nos estemos dando cuenta de nuestra indefensión ante un capitalismo que se ha desprendido de cualquier rasgo de humanidad.

Capitalismo consciente como respuesta a un mundo más despierto

La idea detrás del capitalismo consciente, también lo podemos ver como un capitalismo sostenible o un capitalismo más humano y ético o incluso un capitalismo verde (ecocapitalismo), es la votar con nuestro dinero por empresas y negocios que no sólo se preocupen de los beneficios sino que también cuiden de las personas y de la naturaleza.

En un mundo en el que el dinero es más importante que la política ya no basta con votar en las urnas sino que cada moneda que gastamos es un voto en dirección hacia dónde queremos que vaya el futura de nuestra sociedad.

Puede que el capitalismo consciente no sea lo que quieran las grandes fortunas ni tampoco lo que necesiten los más revolucionarios, pero dentro del sistema actual parece que sea el enfoque más práctico si queremos empezar a reducir las grandes desigualdades y los efectos del cambio climático.

Imagínate por un momento que empezamos a cuestionar dónde compramos cada cosa y que empezamos a elegir comprar sólo a aquellas empresas que sean sostenibles, que paguen y traten bien a sus trabajadores, que se preocupen de la naturaleza… ¿Que pasaría entonces? Que poco a poco las empresas más explotadoras y contaminantes tendrían que elegir entre desaparecer o transformarse en empresas sostenibles.

Nuestro dinero pasaría a ser de un simple gasto a un voto y una inversión par un futuro más equilibrado.

Y lo mejor es que no dependemos de nuestros gobiernos ni de nadie, basta con empezar a comprar de forma consciente y poco a poco ir escogiendo las empresas que lo merezcan.

No es un cambio rápido ni fácil pero sí que es uno que vale la pena y en el que todos tenemos algo que decir.

¿Existen otras alternativas al capitalismo consciente?

Evidentemente que hay muchas más alternativas, desde el anarco capitalismo al comunismo pasando por diferentes versiones más intervencionistas o más liberales.

El mayor problema que nos encontramos es que todos los mecanismos de la mayoría de países se basan en el capitalismo y es muy complicado cambiar algo así en poco tiempo. Además de que nuestra capacidad de influir en cambio así es mucho más limitada que en la del capitalismo consciente.

Quizá el capitalismo consciente no sea el sistema perfecto pero nos acerca un poco más a un mundo más equitativo y consciente.

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