Comenzar de cero: la Ley de la Segunda Oportunidad

Convertirse en deudor no es sólo un mal trago para nuestra salud mental, sino que también implica una responsabilidad con nuestro acreedor que, lamentablemente, a menudo no podemos cumplir. Sin embargo, existen leyes que nos brindan una segunda oportunidad mediante la que aliviar e incluso cancelar el enorme peso de las deudas.

¿Merecemos una segunda oportunidad?

Tanto a causa de una pequeña desestabilización económica, la necesidad de un impulso o, en otros casos, a raíz de una gran crisis a nivel mundial, podemos vernos obligados a pedir un préstamo. Una ayuda a nuestro capital doméstico o personal con la que poder solucionar los pagos aplazados, cumplir con nuestras responsabilidades y, al fin y al cabo, respirar un poco mejor a final de mes, aunque con ello hayamos contraído una deuda con nuestro prestamista, sea una entidad o un particular. Sin embargo, en algunos casos, es posible que nuestra situación económica no nos permita solventar dicha deuda y acumular más préstamos no sea una opción plausible.

En ese supuesto, pedir otro préstamo tan sólo incrementaría nuestra deuda, lo que a la larga nos supondría una continua sensación de ahogo bajo el castigo de los intereses, que también podrían acrecentarse. Sin embargo, existen algunas vías mediante las que conseguir acuerdos utilísimos para aminorar e incluso cancelar las deudas. Y, para ello, es preciso saber como funciona la ley de segunda oportunidad. Una alternativa legal con la que poder esbozar un trato con nuestros acreedores a fin de obtener cuotas de pago mucho más asequibles.

Supuestos de impago y deuda

La Ley de la Segunda Oportunidad puede solicitarse en diversos casos, atendiendo a todo cuanto implique el apaciguamiento de una deuda. Cuando pedimos un préstamo, se sobreentiende que requerimos de cierta cantidad de dinero que no poseemos y que, por ello, acudimos a un actor que nos cederá la cuantía solicitada mediante un contrato que asegure que, transcurrido un determinado plazo de tiempo, devolveremos el dinero prestado junto con los intereses fruto de depositar el dinero en nosotros. En ese punto, debemos tener muy clara cuál es la cantidad exacta que necesitamos y si seremos capaces de devolverla, aunque algunos factores económicos e incluso personales pueden dificultar su devolución e incluso su plazo de tiempo.

En otro caso, es posible que un pago más común, como lo es la letra del coche o cualquier otra circunstancia, no haya podido cumplirse y, solicitando una tregua, pasemos a deber dinero. En ambos casos, sin embargo, el objeto de discusión es el mismo: cómo solventar una deuda cuando nuestras condiciones y contextos actuales no nos lo permiten. En situaciones más extremos, podríamos ampararnos en el Beneficio de la Exoneración del Pasivo Insatisfecho (BEPI), que consistiría en la eliminación total de las deudas. Pero si no podemos acogernos a éste, entraría en juego la mencionada Ley de la Segunda Oportunidad que se regula en el BOE.

¿Cómo funciona?

En una primera instancia, y como bien recomendaría cualquier abogado, es preciso intentar buscar un acuerdo extrajudicial, donde barajaríamos opciones para reducir el peso del pago, prolongarlo o cualquier tipo de trato que, a fin de cuentas, se beneficioso tanto para el deudor como el acreedor. Por ejemplo, si el impago tiene como origen una situación económica de riesgo y aquello por lo que pagamos a plazos era esencial para nuestro desarrollo personal, es posible que el acreedor nos humanice y empatice con nuestra realidad. Por lo que cabría la posibilidad de que aliviara la cuota o la cuantía entendiendo nuestras dificultades y necesidades básicas.

En caso de que no se diera el acuerdo, toda una posibilidad, el procedimiento dejaría de lado la vía extrajudicial para pasar al trámite judicial, mediante el que cancelar o perdonar todas las deudas. Aunque siempre es preferible llegar a acuerdos que nos permitan cumplir con nuestras responsabilidades contraídas con el acreedor, algunos matices vitales pueden conducirnos a esa opción. Por ello, la misma ley facilita el acceso a nuevas financiaciones, recuperar la titularidad de las tarjetas de crédito y, de gran utilidad, la nuestra salida del registro de morosos. Esto último, dado que nuestra presencia en él impediría la solicitud de préstamos o pago a cuotas debido a que se nos registra como individuos incapaces de cumplir con el contrato.

Una solución en tan sólo tres fases

A pesar de que pueda parecer un proceso algo complicado, la realidad es que la Ley de la Segunda Oportunidad está sujeta a un procedimiento escueto, aunque la negociación pueda ser algo peliaguda. En primer lugar, y como se ha mencionado, debemos llegar a un acuerdo con nuestros acreedores bajo la supervisión de un juez. Tomando como ejemplo que un deudor no pueda reunir la cantidad acordada para un pago mensual, este proceso determina, en un plazo de dos meses, si podremos reducir o aplazar la carga para solucionar la deuda holgadamente. Eso sí, configurando un nuevo plan de liquidación de deudas que, esta vez, sea factible y se cumpla a rajatabla.

Tras ello, llega el momento de aplicar la exoneración de las deudas, como se ha comentado, en caso de no haber llegado a acuerdo alguno con nuestro acreedor. No obstante, esta fase no nos exime de ciertos requisitos, dado que algunos factores pueden motivarla revocación de la solicitud. Entre ellos, el incumplimiento del nuevo plan acordado con el acreedor, la ocultación de todos los ingresos y el patrimonio que posee el deudor o una mejora en su estado económico que, sin embargo, no utiliza para cumplir con el trato nuevo o anterior.

Otros requisitos para cualquier supuesto de aplicación son la demostración de que no se tiene patrimonio para afrontar las deudas, un volumen total de deudas con no excedan los 5 millones de euros y, finalmente, que se actúe de buena fe. Esto quiere decir que, realmente, nuestra situación financiera acredite legalmente la necesidad de acogida bajo esta ley y no una triquiñuela para eludir el pago de una deuda. Finalmente, sólo basta dar con un buen equipo como el de Solución de Deudas para ejecutar y tramitar todo el proceso.