Innovando que es gerundio

En los últimos tiempos innovación es una palabra que repetimos constantemente en cualquier circunstancia o situación como si de un mantra se tratara. Sin embargo, casi siempre se utiliza de una forma un tanto frívola y asociándola a la tecnología.

Aunque es obvio que, en general, innovamos para encontrar nuevas soluciones a retos o problemas, es importante hacer un ejercicio de reflexión sobre lo que la innovación supone. Por tanto, empecemos por el principio.

¿Qué es innovación?

Hay cientos de definiciones pero yo me quedo con una recogida en el libro “¡Ahora, innova!” de Liberto Pereda y que define la innovación como “la creatividad aplicada con éxito de forma que aporta valor”. Es decir, se requiere una creatividad que pueda ser implantada con éxito.

Tipos de innovación

En ese mismo libro se afirma que se puede clasificar la innovación en función del ámbito (producto o servicio, proceso y modelo de negocio) y del grado de disrupción aportado:

• Incremental: mejora respecto a lo ya existente.

• Significativa: cambia sustancialmente lo ya existente

• Radical: aporta un enfoque o solución totalmente distintos.

Y hasta aquí todo aquello que puede ser clasificado cuando hablamos de innovación. Todo lo que viene después es un terreno ambiguo lleno de posibilidades que a veces nos lleva a jugar con la experimentación y la sorpresa y otras a cuestionar todo lo previamente establecido.  Precisamente por ello es tan difícil encontrar una innovación radical. En las grandes organizaciones existen factores que inhiben claramente este tipo de ejercicios: aspectos culturales, legacies, miedo al cambio, etc.

Por el contrario, el emprendedor (bien sea en una start-up bien en una pequeña empresa que busca reinventarse) tiene en sus manos muchas más facilidades para afrontar la innovación. No hablamos de recursos económicos: hablamos precisamente de factores culturales y de contexto. Dicho de otra forma, los pequeños empresarios se ven abocados en muchas ocasiones a reinventarse si no quieren desaparecer.

¿Cuándo hay que innovar?

La respuesta de manual es siempre. No obstante, se suele decir que la crisis agudiza el ingenio y creo que es cierto. Como bien dice Gary Hamel, uno de los gurús internacionales más reconocidos en esta materia, “debemos nuestra existencia a la innovación. Le debemos nuestra prosperidad a la innovación. Le debemos nuestra felicidad a la innovación (…). La innovación no es una moda. Nuestro futuro depende de la innovación” 

Un par de ejemplos de innovación

Yemas de Santa Teresa. Una empresa con más de 160 años de historia que ha sabido reinventarse completamente. Su modelo de negocio ha pasado de una confitería en Ávila a una empresa que fabrica y distribuye productos naturales de alimentación y que dispone de dos espacios gastronómicos singulares.

Adtriboo. Es una plataforma de crowdsourcing creativo que presta servicio a las pymes y en el que están registrados más de cien mil profesionales. Prestan servicios publicitarios y de comunicación y crean vídeos, logos, diseño web, folletos, nombres comerciales y marcas, diseño de etiquetas y envases, etc.

Si hay algo común en estos dos proyectos es precisamente talento y ganas de desafiar lo establecido.

 

Sobre el autor, Rafael Ortiz

Rafael Ortiz es experto en marketing, ventas y gestión de canales de distribución. Su experiencia profesional ha estado siempre ligada a compañías multinacionales donde ha liderado equipos multidisciplinares presentes en varios países.

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