Amarás a tu cliente debería ser el primer mandamiento del emprendedor. El verdadero emprendedor y el emprendedor que triunfa, aman su proyecto, aman su producto o servicio pero, sobre todo, aman a su cliente.

Está comprobado que si amamos nuestro trabajo, lo que hacemos, nos convertimos en expertos en eso que amamos y, en ocasiones, incluso llegamos a ser un referente en nuestra industria. Pero, aquí, quiero ir más allá. Los que de verdad triunfan son los que aman a sus clientes además de su trabajo. Es esta fusión, la que les catapulta hacia el éxito.

Hace nada, escribía un post en mi blog sobre “el nicho de mercado, o del arte de no matar moscas a cañonazos”. Ese artículo, en el que explico lo que es y cómo identificarlo en 4 pasos, me animó a continuar con este otro, más enfocado en la pasión por lo que hacemos y la necesidad que tenemos (o creo que deberíamos tener) los emprendedores, de amar a nuestros clientes por encima de todas las cosas (relativas a nuestra profesión o actividad, claro).

Es que creo que no se trata solamente de que el emprendedor esté enamorado de su proyecto, producto o servicio, cosa que indudablemente le ayudará a posicionarlo en el mercado de forma más segura y a venderlo. Ese amor que siente hacia su producto se transmite de forma patente en su pasión, en su fe y en su confianza. Le brillan los ojos cuando habla de él. Está enamorado.

Si a esta pasión y energía que propaga a través de lo que vende, le añade el amor y la pasión hacia el cliente, entonces su éxito está asegurado.

Pero, ¿qué significa amar a tu cliente?

Amar a tu cliente significa fundir tu amor y pasión por tu servicio o producto, con, ojo, no lo que el cliente necesita, sino con el cliente que lo necesita, que es muy distinto aunque parezca similar. Has de encontrar al cliente que, para resolver su situación particular, necesita tu producto: ese es tu nicho de mercado.

Es decir, teniendo en cuenta tu servicio, identifica a quiénes va a beneficiar más. Conóceles y  dales exactamente lo que necesitan y que solamente tú puedes ofrecer, házselo saber (algunos ni siquiera son conscientes de ello) y no solo eso, además:

Perfecciónalo pensando en [email protected] Encuentra tu unicidad.

Esto no es nada fácil. Hay que seguir unos pasos muy bien marcados y a la vez reflexionados (en aquel post doy pautas para ello). Está muy bien enamorarse de un producto o servicio que hemos diseñado. Incluso es posible que sea único en el mercado, con lo que nuestro enamoramiento será incluso mayor. Pero el camino no termina ahí.

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Si nos quedamos demasiado prendados, también podemos quedarnos medio dormidos en los laureles y seguramente alguien, en algún momento, nos adelantará. Suele ocurrir. Salimos a promocionar, difundir, vender, casi a “todo el mundo”. Error. No todo el mundo tiene necesidad de nuestro producto y por ello no nos centramos. Y si no nos centramos en un nicho muy específico de mercado, es como intentar matar moscas a cañonazos.

Quien no esté de acuerdo, deje que le haga una pregunta: ¿por qué, si no es por esta razón de apuntar (target) al cliente especifico, los bloques de anuncios en televisión están claramente segmentados? En los descansos de un partido de fútbol no verás anuncios de juguetes, y en navidad te bombardean con las colonias, masculinas o femeninas dependiendo de las franjas horarias. ¿Será por algo?

Tu punto de caramelo es el punto en que confluyen tus habilidades (lo que se te da súper bien), lo que amas, lo que te apasiona y el segmento del mercado exacto que necesita justamente el resultado de los tres anteriores. Ya. Complicado. ¿Quién dijo que era fácil? En aquel post explico cómo hacerlo.

En resumen: habitualmente el emprendedor se enamora de su producto, tanto, que a veces pierde de vista el hecho de que ese producto tiene a alguien que satisfacer, un usuario o consumidor. Fíjate que digo “tiene a alguien que satisfacer”, y no “tiene que satisfacer a alguien”. La semántica es de suma importancia aquí, como ves. En el segundo supuesto, ese alguien es cualquiera, es cualquier mosca que pase por delante de la trayectoria de la bala del cañón. En el primer supuesto, ese alguien existe, está ahí fuera y es nuestro deber encontrarle, aunque sea con microscopio.

Conoce a la perfección a ese alguien, aprende quién es y lo que quiere, y adapta tu producto a sus necesidades. Eso te hará el mejor en tu campo y evitará que salgas a matar moscas a cañonazos.