El arte del bootstrapping

Parece que hay leyes no escritas que indican el camino que debe seguir toda startup tecnológica que se precie: ten una idea que solvente un problema, crea un equipo, implementa una primera versión, coge algo de tracción y vete a buscar inversores que crean en ello y pongan su dinero para que puedas crecer rápidamente. Muchos emprendedores abandonan sus ideas después de haber buscado infructuosamente financiación.

No tiene por qué ser así. De hecho, no es así en la mayoría de las ocasiones. En primer lugar, porque no hay tantos inversores y, en segundo, porque los que hay son muy selectivos a la hora de decidir dónde ponen su dinero. ¿Quiere decir esto que todas las propuestas que no reciben financiación externa no son buenas? Por supuesto que no. A veces los inversores se equivocan. Y a veces, una idea es lo suficientemente buena como para crear un negocio perfectamente viable, aunque no sea el próximo Facebook.

La vía alternativa se llama bootstrapping. Muchos llegan a utilizar esta vía porque no les queda más remedio, pero cada vez hay más emprendedores que eligen esta vía desde el principio.

Significa construir un negocio que se paga a sí mismo cada día. Es decir, con los pocos medios de que dispongas, debes conseguir cuanto antes obtener clientes que adquieran tu producto o servicio. Los clientes serán tu fuente de financiación.

Aunque crecer de esta manera es más complicado y, sobre todo, más lento, las empresas que se forman haciendo bootstrapping están totalmente enfocadas en sus clientes (no tienen que rendir cuentas a inversores), son más eficientes (han de aprovechar al máximo sus escasos recursos) y crecen de una manera más robusta (no se inflan artificialmente).

Busca un mercado pequeño, ya que tu negocio se puede mantener con relativamente poco dinero. Si tu producto es bueno para ese nicho, la voz se correrá y saltarás a otros nichos. Esto requiere mucho tiempo de crecimiento orgánico, tiempo que no está permitido cuando hay financiación externa, pero que tú te puedes permitir reinvirtiendo los beneficios que vas consiguiendo.

¿Que tus competidores tienen mucha pasta? Si tienes iniciativa, capacidad de esfuerzo y eres perseverante, puedes ganarles. Eres mucho más ágil y rápido que ellos, porque no tienes que perder el tiempo realizando previsiones, gráficos e informes para tus inversores. En vez de concentrarte en tus inversores, te concentras en tus clientes; y eso marca la diferencia. También tienes menos que perder, así que tendrás la cabeza más fría a la hora de tomar decisiones.

El bootstrapper ve la carrera de otra manera; se trata de una maratón, no de un sprint. Tu plan es a largo plazo.

Para generar confianza en tus posibles clientes y apórtales un valor adicional, debes convertirte en un experto en tu campo. Lee, aprende y enseña. Ayuda a otros y acepta la ayuda de otros.

Sé muy estricto con las finanzas. Probablemente no necesites todavía una oficina, ni ese ordenador tan caro ni ese software. Todo llegará, pero de momento puedes trabajar en casa, reunirte con tus socios por Skype y utilizar software open-source pare gestionar tus clientes.

Eso sí, tarde o temprano, tendrás que aprender a vender. De eso depende que puedas continuar o no. Mide lo que haces, toma el pulso constantemente a tu negocio y ajusta tus decisiones en función de eso.

¿No tienes dinero? No importa. Eres un emprendedor, un visionario que has descubierto el potencial de una idea, y vas a crear un negocio viable desde cero. Eres un bootstrapper.

Escrito por

Francisco Sáez es el fundador y CEO de FacileThings, una aplicación en la nube que pretende ser una referencia de productividad para los fans de GTD. Puedes seguirle en Twitter y en el mismo blog de FacileThings.

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