Estamos sobrepasados por lo que queremos o debemos hacer. Nuestro trabajo, la vida personal, actividades de desarrollo … súmale todo lo que la tecnología en sus diferentes formas pone al alcance de tu mano haciendo posible el eslogan lo que quieras, cuando quieras. Todo nos lleva al estrés, ahogo, la sensación de sobrecarga…

Tener las prioridades claras es básico, no me refiero a disponer de un sistema de gestión de tu actividad. GTD, autofocus y similares están muy bien, pero si no percibimos la sensación de prioridad de cierto tipo de trabajos quedarán relegados de forma permanente al no dedicarles la atención que se merecen. Me refiero básicamente a actividades derivadas de:

  • Nuestra visión de futuro y los objetivos que se derivan de ella.
  • Proyectos relevantes que pueden marcar un punto de inflexión en nuestro trabajo.

Su ejecución es fundamental para cada uno de nosotros, al fin y al cabo se trata de lo que perseguimos o algo determinante que puede darnos un empujón. Desgraciadamente suele no haber tiempo para ello, priorizamos compromisos más inmediatos o lo malgastamos en distracciones y actividades de baja intensidad.

“Ruido, interferencias y  malos hábitos nos empujan a retrasar o hacer las cosas a medias”

Las situaciones descritas requieren de medidas para librarte del ruido innecesario de tu actividad y sacarte de encima la sobrecarga de responsabilidades creando espació para desarrollar la faceta estratégica de tu perfil. Los siguientes puntos te ayudarán a aumentar tu margen de maniobra:

  1. Suspender compromisos innecesarios. Desplazarlos en nuestra agenda, fijando un día de inicio y de final de nuestra cuarentena productiva. A partir de la fecha final podemos empezar a restablecer los compromisos con terceras personas.
  2. Recopilar y apartar. Mucha de la información o peticiones gestionadas por ti durante el día no son vitales. Podemos aparcarlas para lidiar después con ellas. Lecturas que llaman tu atención al navegar, correos que nos sugieren pero que no obligan, ideas geniales o momentos ocasionales de brillantez… todo a tus bandejas de entrada. Al procesarlo puedes moverlo a listas de tareas sin prioridad y cuando te reenganches volver a revisarlo para saber si de verdad vale la pena.
  3. Email sí, pero solo una vez. Al final de la jornada procesa tu bandeja de entrada dedicando a tu correo la atención que se merece. Hacerlo de este modo te permitirá leer con atención y reflexionar sobre cada uno de los correos para tomar una decisión. Si necesitas checkear varias veces tu cuenta, al tratarse de una vía primaria de comunicación en tu trabajo, accede en momentos predeterminados, revisa con una lectura rápida el mail para verificar si requiere de una acción inminente y de ser así programarla en tu planning de trabajo. El problema en este caso es el fondo de preocupación que arrastrarás durante toda la jornada sobre esos asuntos leídos y no tratados.
  4. Racionar el consumo de multimedia. Noticias en la tele, vídeo on-line, subscripciones a blogs y otras webs, las apps de tu Smartphone y en definitiva todo aquello que atrofie tu cognición debe dejarse de lado. La atención y la memoria inmediata son limitadas, al saturarlas con basura o las mencionadas cuestiones de baja intensidad ocupamos una parte del foco que debemos dedicar a los temas prioritarios.
  5. Delega y externaliza. Apóyate en tus compañeros o en tu red de contactos para delegar esos temas de menor importancia o aquello que no puedas realizar en este momento. Los freelances o aquellos que no crean conveniente agotar su red con cuestiones como estas pueden plantearse pagar por externalizar algunos trabajos en servicios como Twago
Artículo relacionado:  Cómo trabajar desde casa y no perder el rumbo

Cómo ya te he comentado la idea es aplicarlo para preparar un ambiente de trabajo descargado de otros compromisos de menor rango para dedicarte de pleno a asuntos importantes, evaporando  la actividad innecesaria y renegociar compromisos con uno mismo, o con terceras personas, nos permitirá despejar el horizonte más cercano para invertir nuestro tiempo y energía en cuestiones de mayor retorno.