Cuando las buenas ideas se convierten en un negocio de éxito

Emprender no es una tarea fácil y, más allá de la pasión y el espíritu innovador, es muy importante tener un amplio conocimiento del mercado al que nos vayamos a dirigir, saber anticiparnos a las tendencias, ser capaces de identificar todas las oportunidades y retos emergentes en el mercado y, sobre todo, saber medir y gestionar tu capacidad financiera.

Aunque todavía no existe la “receta mágica” para emprender, lo que sí existe es la satisfacción de sentirse pleno y a gusto con lo que cada uno hace, y si además le sumas un crecimiento económico derivado de tu trabajo, seguro que se convierte en la opción perfecta para desarrollar tu carrera profesional.

No soy de los que anima a cualquiera a lanzarse a emprender. No creo que todo el mundo esté preparado. Y no me refiero a formación o capacidad sino a estómago. Emprender consiste en gestionar incertidumbre, en superar barreras que parecen imposibles, y en manejar tus emociones, las de tu equipo y las de tus inversores para que los altos y bajos que TODAS las startups tienen no se lleven por delante todo tu proyecto o lo que sería aún peor, tu salud.

Dicho esto, sí soy de los que anima a aquellos que han decidido a emprender a apostar fuerte y tener grandes ambiciones, sin conformarse con crear algo pequeño. Sin querer desmerecer a aquellos que tienen éxito en pequeños proyectos, a mi me emocionan los equipos con ideas que quieran revolucionar sectores o cambiar las normas establecidas, aquellos proyectos con gran escalabilidad y que atacan un mercado de gran tamaño. La capacidad de transformación y de impacto en la sociedad que estos equipos tienen es tan grande que transciende su proyecto o su empresa.

En el mundo de las nuevas tecnologías, ser innovador es posible sin grandes inversiones ni riesgos financieros enormes, (al menos al principio). Esto significa que tenemos una plataforma para testear, fallar, medir, aprender y volver a intentarlo de manera rápida y segura.

Porque la medición y gestión del riesgo cuando creamos una startup son claves para su éxito y supervivencia. Por eso es tan importante salir al mercado con un MVP (Minimum Viable Product) lo más rápido posible y empezar a recoger el feedback que usuarios y clientes nos den para ir iterando hasta encontrar el mix que mejor funcione.

Una vez tenemos algo que vemos que funciona, debemos empezar a buscar fórmulas para adquirir usuarios y clientes a un coste inferior al valor que sacaremos de cada uno de ellos. Y para esto usar datos y medir realmente el ROI por usuario de manera precisa será la única forma de encontrar vías de crecimiento rentable y sostenible.

Al mismo tiempo nuestros ojos no pueden perder de vista a los usuarios que ya tenemos, y nuestros esfuerzos con ellos deben centrarse en la retención y recurrencia, o lo que es lo mismo, cómo conseguir que nos amen y nos usen de manera recurrente. Porque el usuario que te ama te recomienda y estos son los primeros prescriptores y el motor de tu crecimiento orgánico.

Este es un proceso que la mayoría de veces requiere de una fe absoluta en uno mismo y en el equipo, y es evidente que el factor emocional será un pilar clave para que tu liderazgo no flaquee. Tener la cabeza, la pasión y el compromiso para seguir trabajando duro hacia el éxito se convierten en el leitmotiv que marcará tu negocio y a todo tu equipo.

En el capítulo de los inversores, “levantar una ronda”, es un proceso que requiere meses, y que supone un juego de “seducción” que para muchos emprendedores es el mayor reto. Muchos no han trabajado nunca con inversores y no conocen ni los términos ni las consecuencias de muchas de las cláusulas de los contratos que les son presentados. Es por eso que yo siempre aconsejo tener buenos asesores legales.

Aunque en un inicio parezca un coste innecesario y que no aporta a la creación de valor de la compañía, estos pueden suponer la supervivencia de la empresa a medio plazo, ya que un mal pacto de socio, puede bloquear el desarrollo de la compañía y puede generar malestar o simplemente el abandono del proyecto por parte de un emprendedor que se encuentra desprotegido ante los inversores. Por suerte cada vez hay más inversores que entienden que intentar “jugársela” al emprendedor les va en contra ya que solo el emprendedor podrá hacer que el valor de su inversión se multiplique, así que deben cuidarlo.

Otro de los aspectos a tener en cuenta es el capital humano, uno de los activos clave de un negocio. Rodearse de un equipo de trabajo con talento y sólido, que sea fiel y permanezca contigo a lo largo de los años y que se mantenga dispuesto a innovar y aprender, permitirá fortalecer la eficiencia y eficacia de tu proyecto. Porque en un equipo, todos somos mejores que uno solo. Pero recuerda que el equipo no solo se queda por el proyecto o por el emprendedor que lo lidera, así que aunque seas una startup debes tener buenos sueldos, un ambiente de trabajo inmejorable y una política abierta y participativa; si no, hay cada vez más nuevas empresas que les ofrecerán lo que tu no tienes.

Las ventas es otro de los factores más importante de una empresa. Por muy buena que sea tu idea, si luego no es posible monetizarla de una manera clara, será complicado que todo tu esfuerzo dé los resultados esperados. En el 99% de las startups es crucial generar ingresos, tener claro un modelo de monetización que puede escalar de forma rápida y con costes marginales pequeños. Siempre digo que es más importante aprender a generar dinero que aprender a gastarlo, y con esta premisa seguro que sacarás el rendimiento máximo a cada Euro invertido.

No pongas barreras a tu proyecto ni seas tímido a la hora de expandirlo, ya que el mercado internacional puede ofrecerte una vía excelente para seguir desarrollando tu modelo de negocio. Eso sí, hazlo rápido y hazlo con un equipo y un producto que lo soporte, no te vayas a cargar tu mercado original por culpa de expandirte demasiado pronto.

Y siempre es importante no tener miedo al fracaso. Esto es típico y tópico pero sigue siendo una de las mayores barreras para realmente asumir riesgos necesarios y emprender de manera ambiciosa. En un primer intento la mayoría de los emprendedores fracasan, pero es lo que hacemos con esa experiencia lo que va a determinar si seremos emprendedores de éxito. Lo que es seguro es que el camino directo al fracaso es el temor a equivocarse. ¡Sé valiente!

Hay numerosos libros que te ayudan a emprender y que intentan ofrecerte las mil y una claves para que tu negocio sea un éxito, pero creo que el sentido común, el esfuerzo y la pasión son las mejores armas.

Porque creo que el emprendedor no es solo el que nace con la idea de emprender, sino que el emprendedor se hace. Así que empieza a trabajar y seguro encontrarás tu oportunidad.

 

Sobre el autor, Jaume Betrian
Jaume es Co-fundador y director ejecutivo de Ofertia. Está al frente de la dirección general y en particular del desarrollo estratégico y de producto, PR, ventas y de la internacionalización de la compañía, viajando asiduamente a Latinoamérica y a los países escandinavos. Es experto en Marketing y un emprendedor amante de las nuevas tecnologías.

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