5 pasos para traducir tu web
5 sencillos pasos para traducir tu web
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¿Sabías que el 56,2% de los consumidores da más importancia a poder leer la información en su idioma que al precio de un producto o servicio, y que el 75% no toma, de hecho, su decisión de compra si no dispone de la información en su propio idioma? (Common Sense Advisory).

Si estás pensando en expandir horizontes y quieres empezar a atraer clientes de otros países ya te habrás dado cuenta de que necesitas, en primer lugar, comunicarte con ellos de alguna manera.

Y eso implica traducir tu página web.

No voy a hablarte de los aspectos técnicos que entraña la creación de una web multilingüe porque no soy una experta en el tema (aparte de que creo que el tema daría para 2 o 3 artículos más), sino que quiero hablarte de cómo adaptar tu contenido para conectar mejor con tu audiencia extranjera.

Traducir tu web no solo te ayudará a ganar más visibilidad en el mercado extranjero sino que aumentará las probabilidades de compra ya que, según el estudio que he mencionado antes, la mayoría de clientes prefieren comprar en páginas que puedan leer en su propio idioma porque les da más confianza.

Seguramente te asaltan un montón de preguntas sobre cómo hacerlo o por dónde empezar y, por eso, me gustaría ponértelo muy fácil con los 5 pasos que te presento a continuación:

1. Elige los idiomas

Pero elige sabiamente, no te lances al inglés por inercia.

Es cierto que el inglés es el idioma más utilizado en Internet (y ¡ojo! que últimamente el español está avanzando de forma notable), pero no tiene por qué ser uno de los imprescindibles en tu caso.

Analiza bien tu situación particular porque, si da la casualidad de que tu empresa es española y quieres empezar a vender en Francia o en Portugal, el inglés no te servirá de mucho. Por lo menos no al principio. Así que prioriza.

Decide en qué países quieres abrir mercado y, en función de los idiomas que se hable en esos países, sabrás cuáles serán los más adecuados para tu nueva web multilingüe.

Para afinar aún más, ten en cuenta la variante geográfica de los idiomas que has elegido, es decir, si quieres captar clientes de Estados Unidos o de Brasil, las variantes americanas del inglés o del portugués (según el caso) deberían prevalecer sobre las europeas.

Existen importantes diferencias entre unas y otras, algo que tú mismo habrás podido apreciar con el español. ¿Verdad que no se expresa igual un español que un mexicano o que un argentino (por ejemplo)?

Elige la variante más adecuada para el nuevo público al que te quieres dirigir y asegúrate de mantener la coherencia en todos tus textos.

Si te importa poco de dónde vengan tus nuevos clientes (Reino Unido, Estados Unidos, de Australia o de donde sea) porque, simplemente, quieres tener la web en inglés, procura utilizar un estilo neutro.

Pero recuerda, siempre guardando la coherencia, uses el estilo que uses.

2. Decide qué páginas quieres mostrar a tu nuevo público

No tienes por qué mostrar todas y cada una de las páginas de tu actual web.

Al menos no al principio, porque dependerá del objetivo que persigas con tu nueva web multilingüe (¿ganar más visibilidad y tráfico?, ¿conseguir leads?, ¿o generar más ventas?) y del nivel de visibilidad del que partas.

Si eres famoso en el mundo entero, no deberías tener problemas para vender desde el primer día con tu nueva web.

Pero como no creo que sea tu caso y, dado que estás empezando a asomar la cabeza en el nuevo mercado extranjero, lo más seguro es que tus probabilidades de conseguir ventas inmediatamente sean muy bajas, porque nadie (o casi nadie) compra en la primera visita o en la primera toma de contacto con una empresa.

Tu objetivo, entonces, es ir ganando visibilidad y por eso no merece la pena que ‘te metas hasta la cocina’ desde el principio. Traducir es una inversión que debe salirte rentable, y lanzarte a traducir todos los productos de tu catálogo o todos los artículos de tu blog de golpe puede ser como matar un mosquito a cañonazos, sobre todo si finalmente el mercado no responde como esperabas.

Prueba poco a poco.

Puedes empezar por lo más básico e imprescindible, es decir, tu página de inicio, la de ‘Acerca de’, tu página de servicios y la página de contacto. Como si fuera una primera cata para tus clientes potenciales, tu carta de presentación. Esta es la estrategia que siguen otros autónomos como, por ejemplo, Laura Ribas.

No te preocupes si tienes dudas sobre qué páginas elegir. Siempre puedes hacer modificaciones más adelante, añadir páginas, modificar o quitar otras, etc.

Recuerda que la primera vez que lanzaste tu web, tampoco se trataba de una versión definitiva.

De hecho, lo normal es que luego necesites hacer algunos retoques y cambios para ir optimizando en función del seguimiento que hagas y de los resultados que observes.

Las páginas web pueden (y deben) estar en constante evolución para asegurar que siempre están bien alineadas con los objetivos que te has propuesto para tu empresa, así como con una buena experiencia del usuario. La versión traducida de tu web no es una excepción a esta regla.

Así que, decide qué quieres conseguir con la versión traducida de tu web, ¿cuál es su misión? ¿Qué pasos quieres que dé el nuevo usuario cuando llegue a tu página? En función de eso, elige las páginas que quieres traducir y marca el itinerario de navegación para que el usuario cumpla el objetivo que te has propuesto.

3. Define cómo establecerás la relación con tus clientes potenciales extranjeros

¿Qué quieres conseguir de tu nuevo usuario?, ¿que se suscriba a tu newsletter?, ¿que solicite un presupuesto?, ¿que rellene un formulario?

¿Cómo vas a construir la relación con tus nuevos clientes potenciales para que, con el tiempo, acaben comprando en tu página?

Si quieres conseguir los datos de tus visitas para seguir en contacto con ellos, necesitarás adaptar tus formularios de suscripción, así como la secuencia de los emails automáticos que les llegarán al suscribirse o al rellenar otros formularios que hayas preparado.

Si utilizas MailChimp no tendrás mucho problema con eso, ya que todo viene en inglés por defecto, a no ser que la lengua a la que quieres traducir tu web sea otra (como por ejemplo, francés), en cuyo caso sí necesitarás traducir también esta secuencia de emails.

Si, además, quieres ofrecer algún contenido gratuito para aumentar el ratio de conversión de tus visitas, necesitarás traducir también el contenido que ya ofreces en tu web en español o crear uno nuevo para la ocasión.

En resumen: selecciona los elementos (formularios y contenidos gratuitos) que vas a necesitar para establecer una relación con tu nueva audiencia que les lleve (con el tiempo) a convertirse en tus clientes.

4. Traduce y localiza el contenido.

Si ya tienes claro el idioma, las páginas y los elementos que necesitas en tu web multilingüe ya puedes empezar con la traducción.

Pero, ¡ojo! Dado que te diriges a una cultura nueva, no puedes limitarte a traducir el contenido, sino que también debes localizarlo.

Por si acaso no estuvieras muy familiarizado con el término, se llama ‘localizar’ al proceso de adaptación y fabricación de un producto para que presente el aspecto y el funcionamiento de un artículo fabricado en un país en concreto (definición de la Asociación para la normalización del sector de la localización o LISA por sus siglas en inglés Localisation Industry Standards Association), es decir, en tu caso, debes adaptar el contenido para que sea adecuado con respecto a la nueva cultura a la que te diriges.

Normalmente el término ‘localizar’ se asocia más a aplicaciones o productos informáticos, pero en el caso de los contenidos de tu web, me refiero a que no puedes traducir simplemente las palabras de tus textos, sino que tienes que adaptar tu mensaje de tal manera que a tus potenciales clientes no les resulte extraño, y que sea para ellos tan natural como lo es el original para sus correspondientes destinatarios.

Por ejemplo, si expresas cantidades en euros, necesitarás convertirlas a la divisa local (libras, dólares, etc.) o, si en tu página de contacto indicas un número de teléfono, deberás añadir el prefijo internacional, incluso sería buena idea añadir una cuenta de Skype para que la comunicación resulte más fácil y económica.

No olvides tampoco adaptar las referencias locales y culturales o aquella información que solo tenga sentido para tu audiencia original.

Por ejemplo, si en uno de tus artículos de recetas (si eres cocinero) haces referencia a Alberto Chicote, necesitarás hacer algo con esta referencia porque es poco probable que tu nuevo lector te vaya a entender si no le conoce.

Así que, si no quieres que tu lector extranjero se quede como quien oye llover, en la versión traducida deberás, o bien explicar quién es el personaje al que aludes, o bien sustituir esa mención por otra figura que en su cultura sea equivalente tanto en fama como en los rasgos que caracterizan a Chicote.

Y lo mismo sucederá con toda la información que tengas de este estilo en tu página web o en los artículos de tu blog.

Para asegurarte de que la adaptación es correcta, lo mejor es que cuentes con el asesoramiento de un traductor profesional y que, a ser posible, su lengua materna sea aquella a la que quieres traducir tu web.

Te propondrá las mejores soluciones para que tu mensaje traducido se entienda tan bien como el original, y que el contenido sea correcto y quede expresado de forma natural.

5. OJO con las imágenes y los elementos gráficos de tu web

Si tienes infografías o imágenes con texto, necesitarás editarlas y traducir también su contenido. De lo contrario, el usuario que llegue a tu web no las entenderá y no te servirán de nada.

Otro detalle importante acerca de los elementos gráficos de tu web es el diferente significado que puede tener un símbolo en una cultura con respecto a otra. Podrías meter mucho la pata si son radicalmente opuestos, como por ejemplo, si pones un icono de pulgares hacia arriba. En Estados Unidos y en muchos países europeos es algo positivo pero en algunos países de Latinoamérica y de Oriente Medio es muy ofensivo.
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Este otro signo, que en algunos países indica aprobación (en Estados Unidos, por ejemplo) en otros países es un insulto (en Francia, Alemania o Grecia). Yo, por ejemplo, las veces que lo he usado ha sido para indicar que una comida me ha parecido deliciosa o que algo que me han dicho me parece perfecto.

En fin, que a lo mejor quieres decir con un símbolo como este “¡calidad suprema!” y a lo mejor el usuario entiende “¡gili******!”

Mejor no jugársela con estas cosas.

Asegúrate de que tus iconos, imágenes y demás elementos gráficos no entran en conflicto con la nueva cultura a la que te quieres dirigir y, si es así, cámbialos o elimínalos.

Tu traductor también podrá ayudarte mucho con estos detalles y es el que mejor te podrá asesorar e informar sobre cómo serán interpretados los contenidos de tu web.

Por último, ¡lanza tu web!

Una vez tengas todo listo y revisado, añade tu web traducida a tu actual web (que eso ya es cosa de tus diseñadores) y ¡que empiece la caza del cliente internacional!

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Escrito por Lourdes Yagüe
Lourdes Yagüe

Lourdes Yagüe es traductora de inglés y francés y Traductora Jurada de inglés. Traduce para ayudar a sus clientes a superar la barrera del idioma en sus proyectos multilingües y por eso también dirige Hello Translator, una plataforma pensada para facilitar el contacto entre clientes y traductores profesionales.

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