Tu responsabilidad ante el éxito

El vídeo que realicé para acompañar a mi primer curso online sobre el éxito comienza con un diálogo perteneciente a Alicia en el País de las Maravillas, una pequeña conversación entre Alicia y el Gato Cheshire, que viene muy al caso al hablar del éxito como punto de llegada a un lugar concreto.

Alicia pide al Gato que le indique qué camino ha de tomar, a lo que el Gato le contesta que eso depende de adónde desea llegar. Alicia responde que realmente no le importa el sitio al que llegue, a lo que entonces el Gato replica: “En ese caso, da igual hacia dónde te dirijas, siempre llegarás a algún lugar”.

La mayoría de nosotros estamos igual que Alicia. A menudo nos preguntamos hacia dónde deberíamos dirigirnos, pero en realidad no tenemos claro nuestro punto de llegada, por lo que terminamos tomando el camino más fácil o el más transitado, nos lleve donde nos lleve. Ese es el error más común del ser humano cuando no tiene clara su propia idea de éxito. Todos queremos alcanzar el éxito, quién no.

Todos queremos algo, lo que ocurre es que por lo general ni siquiera nos hemos planteado qué es ese algo porque estamos demasiado ocupados resolviendo nuestros asuntos del día a día para detenernos y examinar qué es lo que de verdad deseamos, a dónde nos estamos dirigiendo con esas pequeñas decisiones fortuitas que vamos tomando a cada momento y de las que en realidad no somos conscientes.

Esa toma de responsabilidad que habitualmente no ejercitamos es, con frecuencia, una de las causas de que no lleguemos al lugar donde queremos estar, ese lugar que cada cual tiene en su inconsciente, pero que nunca se ha detenido a definir… por lo que seguramente nunca alcanzará. Esas pequeñas elecciones que tomamos de forma inconsciente y constante son las que van perfilando el camino por el que transitamos y que, por lo general, no tiene una dirección concreta. De ahí que nos resulte complicado alcanzar lo que cada uno define en su mente como “éxito”. Y aquí es donde entra en juego la toma de responsabilidad ante ese concepto del éxito que cada uno tenemos, aunque no de forma consciente.

Por ejemplo, si, en un momento determinado, nos enojamos porque nuestro jefe nos ha fastidiado el día, en realidad es una elección inconsciente que estamos tomando de fastidiarnos nosotros mismos el día, porque nadie ni nada, tiene esa capacidad más que nosotros. No somos una piedra, que recibe un estímulo (agua, viento) y a la fuerza ha de erosionarse.

Nosotros sí podemos elegir nuestra respuesta ante los estímulos que recibimos (de nuestro jefe, de un rasguño en el coche, una discusión con nuestra pareja, una enfermedad, un jarrón que se nos cae, o una pobre subida de sueldo), pero generalmente elegimos “declararnos inocentes” y culpar a ese estímulo de los resultados: un mal día, un mal salario, un mal trabajo, mala suerte… Lo fácil es eximirnos a nosotros mismos de toda culpa y responsabilizar a terceros, a algo externo a nosotros, de las cosas “que nos pasan”.

Pero ese camino fácil, la inocencia, tiene un precio. Esa declaración de inocencia que estamos eligiendo sin siquiera darnos cuenta tiene una consecuencia: significa ceder el mando de nuestro barco a terceros. Esa inocencia elegida inconscientemente nos convierte en marionetas de las circunstancias o de otras personas. Si no recuperamos el protagonismo, ese poder de elegir conscientemente nuestra respuesta ante las cosas que nos pasan, no seremos capaces de alcanzar el éxito porque todo dependerá de esas cosas que nos pasan, no de nosotros.

Siempre tendremos algo o alguien a quien culpar de nuestros infortunios, problemas, inconvenientes… y así, con nuestra declaración de inocencia, estaremos otorgando el poder sobre nuestra persona, constantemente, a todos esos agentes externos que en realidad no lo tienen. Pero claro, en el fondo nos sentiremos bien – esa es la intención positiva tras la inocencia –, porque nos estaremos liberando a nosotros mismos de toda culpa:

“Me han suspendido el examen” = “El resultado no es fruto de mi acción, sino de la acción de otros o de las circunstancias, y por tanto soy inocente, qué alivio”,

en lugar de “He suspendido, no estudié lo suficiente”  = “Soy responsable del resultado y por tanto voy a elegir qué hacer con ese resultado”.

Claro que hay cosas que ocurren que no podemos cambiar. Claro que hay circunstancias inalterables, eventualidades y situaciones sobre las que no podemos actuar. Son como son y pasan como pasan. No se trata de ser irreflexivo o irracional y que no nos importe nada. Más bien al contrario, se trata de examinar la situación tal y como es y, en lugar de lamentarnos, asumir esa responsabilidad consciente de elegir nuestra respuesta ante ella: “Con esto que tengo, con esto que me ha pasado, qué es lo que SÍ puedo hacer. Es lo único sobre lo que yo tengo el poder, sobre mí mismo y mi respuesta ante eso que me ha pasado”.

Hace casi 5 años me detectaron un cáncer borderline (de bajo potencial de malignidad, aunque más peligroso que un tumor benigno). Fui operada dos veces en el plazo de mes y medio. Había varias posibles respuestas por mi parte ante algo sobre lo que yo no podía hacer nada. Elegí conscientemente no quejarme, no lamentarme y preocuparme. Para mí era absurdo dejar que algo sobre lo que yo no tenía poder alguno se apoderase, sin embargo, de mi vida. Todos tenemos esa capacidad, no es cuestión de ser más o menos optimista, más o menos realista, o más o menos indiferente ante las cosas. Se trata de ser consciente de que ante lo que no puedes cambiar, sí puedes elegir tu respuesta.

Si no estoy dispuesto o dispuesta a hacerme cargo, no solo del plan de acción necesario para alcanzar el éxito o mis objetivos, sino también de mis respuestas ante cualquier tipo de eventualidad, es decir, de asumir la responsabilidad de mi vida en lugar de continuar siendo una marioneta en manos de las circunstancias, esa actitud siempre me llevará a culpar a los factores externos de lo que vaya ocurriendo y finalmente, a desistir en el empeño.

Soy consciente de que es complicado darse cuenta de lo que en realidad asumir la responsabilidad significa, en un solo post. De hecho, esta materia en mi curso sobre el éxito ocupa dos lecciones, sumando más de una hora de duración (y eso que es hablado, no escrito). Sin embargo, creo que hay una frase que resume bien este tema:

Dijo alguien que “si la vida te da limones, haz  limonada”.

Escrito por

Esther Roche es Máster Internacional Experta en Coaching Personal y diseñadora web en WordPress especializada en coaches, profesionales del desarrollo personal y autónomos. Es la primera coach profesional que decidió aplicar el coaching al diseño web para diseñar páginas que verdaderamente transmiten los objetivos y valores del cliente con el fin de obtener buenos resultados. También formadora y asesora web para que sus clientes puedan gestionar sus propios negocios online, sin tener que depender de terceros. Esther es también escritora y fundadora de End2EndCoaching (coaching para emprendedores) y de Coach2Coach (diseño web).

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