Las Creencias que nos limitan

El mapa no es el territorio

“No os creáis nada. No importa dónde lo leáis, o quién lo haya dicho; aunque lo haya dicho yo, a menos que concuerde con vuestra propia razón y vuestro sentido común”. Buda

Se habla mucho de creencias, sobre todo de las creencias limitantes. Sin embargo poco se habla de las causas científicas que existen detrás de esas creencias. Este artículo es una tentativa a explicar sencillamente cómo nuestro cerebro forma las creencias y por qué es tan laborioso deshacerse de algunas de ellas.

Antes que nada, creo necesario definir o explicar más bien, qué son las creencias. Verán: junto con otros “componentes” de nuestro inconsciente, como pueden ser los valores o los recuerdos implícitos, las creencias forman parte de una especie de sistema operativo de nuestro cerebro. Sobre esa base de programación operamos, nos guiamos y vivimos. Nuestras experiencias, observaciones, opiniones y aprendizajes, así como recuerdos, carácter genético, valores y creencias, son los cimientos sobre los cuales edificamos nuestras capacidades, comportamientos y actitudes. Las creencias en concreto son esencialmente juicios y opiniones que tenemos sobre nosotros mismos y el mundo que nos rodea. Pero ¿cómo se han llegado a formar esas opiniones y evaluaciones?

Al contrario de lo que popularmente se pueda creer, toda experiencia que se repita suficientemente, que sea emocionalmente competente (que contenga alguna emoción para nosotros) y que nosotros percibamos como tal, puede potencialmente convertirse en una creencia físicamente en nuestro cerebro. De hecho, esta es una de las razones por las que nuestro cerebro es plástico, cambia y se transforma (neuroplasticidad). Dicho muy sencillamente, cuando tenemos una experiencia, se activan ciertas neuronas. Al activarse neuronas para conectarse entre ellas se producen una serie de proteínas que reconstruyen o refuerzan las conexiones sinápticas que se acaban de formar. Así, se van formando miles y miles de millones de conexiones neuronales. Cuando el cerebro ve que ciertas conexiones dejan de usarse, se produce una poda, sobre todo durante la adolescencia, y por el contrario, cuando algunas de esas conexiones, a fuerza de repetición y tiempo, se usa más y más, se refuerzan y forman conexiones neurales cada vez más fuertes. Así, la experiencia puede incidir directamente en la estructura física de nuestro cerebro. Esta es, muy básicamente, la explicación científica de cómo se forman las conexiones entre neuronas y nuestra estructura cortical básica.

Llevemos esto a las creencias, como parte de la experiencia. Cada uno de nosotros posee su propia realidad, y esta realidad es la verdad para quien la experimenta. Sin embargo, dado que esa realidad está basada en nuestras experiencias propias, nuestros sentimientos, etc., ¿es posible que la verdad sea distinta para cada uno? Imagine que de pequeño siempre que traía las notas a casa me decían: “Es que nunca serás buena estudiante; no sirves para estudiar”. Esta creencia, (¡que NI SIQUIERA ES MÍA!) a base de repetición se va reforzando en mi corteza cerebral (que es donde se encuentran las neuronas que irán formando una sinapsis cada vez más fortalecida) hasta que llega un momento en que en efecto, esa es MI verdad. Un día llega un compañero de trabajo o un amigo y me pregunta por qué nunca estudié si en realidad me encanta aprender, o cosa por el estilo. ¿Quién dice la verdad? ¿Quién tiene razón? ¿Yo, que me conozco mucho mejor que él y sé a ciencia cierta que soy muy mala estudiante, o esa persona que opina de mí objetivamente después de observar mis capacidades?

Nuestra percepción del mundo e incluso de nosotros mismos está basada en unos mapas que NO son el territorio. Son solo mapas, representaciones del territorio. A menudo esos mapas son errados. Vamos siguiendo unas carreteras que no nos van a llevar a lugar donde deseamos ir, por el simple hecho de que el mapa está mal diseñado. Nuestras creencias limitantes, todos las tenemos y muchas, son obstáculos que nosotros mismos o nuestros educadores han “implantado” inocente e inconscientemente en nuestro cerebro y que no nos dejan avanzar. ¿Cómo me voy a poner a estas alturas a estudiar, aunque quisiera? Además de la creencia limitante de “soy mala estudiante”, esa sería otra, muy común: “es demasiado tarde para…”, “a mi edad ya no…”.

En mi web podrán encontrar mucha más información acerca de las creencias en dos artículos dedicados a ellas. En el resto, casi siempre suelo tocar el tema de un modo u otro. Para mí es un tema fascinante que fue uno de los detonantes que me animó a estudiar (sí, sí, el ejemplo es… ¿verdad?) por mi cuenta neurobiología, neuropsicología y antropología… y no sólo eso. Estoy escribiendo un libro que contiene temas muy relacionados. Elimina las creencias limitantes que te están atando, aunque empieces por pequeñeces. Sentirás una gran liberación.

“Las cosas no son como son sino como somos nosotros” – Anaïs Nin

Imagen por: jaffne via photopin cc

Escrito por

Esther Roche es Máster Internacional Experta en Coaching Personal y diseñadora web en WordPress especializada en coaches, profesionales del desarrollo personal y autónomos. Es la primera coach profesional que decidió aplicar el coaching al diseño web para diseñar páginas que verdaderamente transmiten los objetivos y valores del cliente con el fin de obtener buenos resultados. También formadora y asesora web para que sus clientes puedan gestionar sus propios negocios online, sin tener que depender de terceros. Esther es también escritora y fundadora de End2EndCoaching (coaching para emprendedores) y de Coach2Coach (diseño web).

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