Innovación al alcance de la mano

Es complicado encontrar una definición exacta y común para todos de lo que significa innovación. Sí hay consenso, sin embargo, en las ventajas que ofrece su implementación en prácticamente cualquier ámbito. Innovar puede reportar beneficios en términos de diferenciación de nuestra competencia, en aumento de nuestra productividad, o para obtener mejoras de eficiencia y eficacia en nuestro trabajo, por ejemplo.

Está muy extendida la idea de que la innovación está indisolublemente ligada a la tecnología. Esto explicaría por qué cuando se analiza la inversión en innovación se estudia la inversión en  Investigación y Desarrollo (I+D) como indicador estrella. Por supuesto, la I+D encaja en la estrategia de innovación, y en muchos casos de forma muy importante, pero no podemos limitarnos exclusivamente a ella. Innovar no consiste únicamente en invertir en I+D, inventos o descubrimientos científicos. Es mucho más.

La OCDE, en la 3ª edición del Manual de Oslo, define el concepto de innovación como “la introducción de un producto (bien o servicio) o de un proceso, nuevo o significativamente mejorado, o la introducción de un método de comercialización o de organización nuevo aplicado a las prácticas de negocio, a la organización del trabajo o a las relaciones externas”. 

Esta acepción es aceptada como definición válida de innovación (aunque hay muchísimas más, también consideradas válidas), distinguiendo, además, cuatro tipos de innovación: de producto, de proceso, de marketing y organizativa.

La innovación de producto consiste en la introducción de un bien o servicio nuevo o significativamente mejorado en sus características o en cuanto al uso al que se destina.

En la innovación de proceso la introducción es de proceso de producción o distribución nuevo o significativamente mejorado.

Se habla de innovación de marketing ante la aplicación de un nuevo método de comercialización que implique cambios significativos del diseño o el envasado de un producto, su posicionamiento, su promoción o su tarificación.

Por último, la Introducción de un nuevo método organizativo en las prácticas, la organización del lugar de trabajo o las relaciones internas o exteriores de la empresa implican una innovación organizativa.

Observando los cuatro tipos de innovación antes nombrados, en todos ellos podemos prescindir de inversión en I+D. Podemos contemplar una innovación que podemos considerar de tipo “no tecnológico”. Se trataría de acciones sobre la comercialización, la distribución, el marketing, los usos que se le da a nuestro producto, la promoción, la organización interna, las relaciones internas y externas, etc.

Considerando la innovación no tecnológica, podemos cuestionarnos la idea de que innovar implica necesariamente grandes inversiones económicas. No es cierto que “para innovar es necesario invertir gran cantidad de recursos económicos”, al menos, no siempre.

La innovación tecnológica no está al alcance de todos, pero la innovación no tecnológica, está al alcance de cualquier empresa. Podemos abordar la innovación desde este enfoque no tecnológico, más de operaciones, procesos, de personas.

Desde esta óptica, echamos por tierra otro de los falsos mitos: “la innovación es para empresas industriales y no para las de servicios”. Cualquier empresa puede (y debe) apostar por la innovación, independientemente de si está orientada a productos o a servicios.

Ejemplos de aplicación hay muchos y en varios post en mprende.es comentamos algunos:

Podemos optimizar tiempos: de movimientos internos de personal y material, de traslados y transportes. Fomentar la flexibilidad en los puestos de trabajo, optimizar horarios en función de la demanda. Mejorar la organización y ergonomía en la zona de trabajo para mejorar la eficiencia y productividad. Especializar productos y servicios para colectivos determinados (deportistas, señor, embarazadas, celíacos…). Mejorar formas o modelos de cobro (micropagos por SMS, modelo freemium, modelos “pague lo que quiera”…) Y un largo etcétera.

Definitivamente, la innovación no es algo que sólo está al alcance de grandes empresas. Cualquier organización, independientemente de su tamaño, sector o de si está orientada a productos o a servicios, puede, y creo que debe, apostar por la innovación.

 

Sobre el autor, Sergio Suárez

Economista. Consultor de negocio, especializado en aspectos cualitativos de la creación de empresas. Consultor TIC, desarrollando estrategias para potenciar la presencia online y la mejora de las organizaciones. Gestor y Agente de la Innovación. Formador en diversas materias como innovación, negociación, gestión empresarial, emprendimiento y creación de empresas, comunicación y redes sociales, entre otras. Asesor para la implantación de la Ley de Protección de Datos de Carácter Personal. Socio y colaborador de varias empresas de distintos sectores.

En constante aprendizaje.

Es editor del blog www.mprende.es.

También puedes seguirlo en Twitter: @sersuarezr.

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